Guerra
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La guerra es un enfrentamiento, generalmente armado, entre grupos humanos organizados que pone fin a un periodo de paz.
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La dificultad de definir la guerra
El concepto militar de guerra es amplio y engloba bajo su nombre una gran variedad de enfrentamientos, entre otros se pueden citar:
- Guerra mundial.
- Guerras entre estados.
- Guerras civiles.
- Guerra de guerrillas.
- Guerra convencional.
- Guerra nuclear.
- Guerra total.
- Guerra limitada.
- Guerra de alta tecnología.
- Guerra de baja tecnología.
- Guerra abierta.
- Guerra sucia.
- Guerra de religión.
Todos estos tipos de contiendas y otros más que pueden añadirse indican la gran variedad de enfrentamientos que pueden encontrarse y la disparidad de razones llegar a ellos. Esto mismo hace muy difícil dar una definición precisa de guerra. Pero parece necesario para una guerra el reunirse:
- Grupos humanos.
- Organización.
- Armas.
- Violencia.
- Muertos.
Causas de la guerra
Como se ha indicado en el punto anterior, la guerra es un concepto muy amplio, muy difícil de definir con precisión y, por tanto, con múltiples causas según el tipo que sea.
Según John Garnett pocos asuntos han reunido tanto interés y tantos esfuerzos por determinar sus causas como la Guerra. Especialmente porque conociendo las causas de la guerra se podría prever su aparición y también evitarla[1], pero este mismo autor indica que la cuestión aún no está resuelta. Garnett engloba las posibles causas de la guerra en los siguientes tipos:
Causas inmediatas y subyacentes
Entiende por causas inmediatas aquellas que desencadenan la guerra en un plazo de tiempo más o menos corto. Estas causas pueden ser de gran relevancia, pero también triviales y en ocasiones puramente fortuitas; en todo caso no proporcionales a las consecuencias de los conflictos que desatan. El asesinato del Archiduque de Austria en su vista a Sarajevo por la Mano negra desencadenó la I Guerra Mundial, un hecho a todas luces inferior en importancia a los millones de muertos que la contienda provocó. Otro caso puede verse en la no aplicación de la Ley Sálica en la España del siglo XIX por la que el infante Carlos no fue proclamado rey y sí su hermana mayor Isabel II, hecho que provocó dos guerras civiles conocidas como I Guerra Calista y II Guerra Carlista.
Las causas subyacentes, por contra, son más difíciles de percibir en el momento, pero de mayor importancia a la larga. En el ejemplo de la I Guerra Mundial el deseo de revancha tras la Guerra Franco Prusiana, las distintas pérdidas territoriales de Turquía frente a Rusia, la carrera de armamento y las distintas alianzas entre estados fueron la causa subyacente. Por su parte en el caso español la diferencias irreconciliables entre la ideología conservadora y la liberal hicieron que finalmente las guerras estallaran. Así pues las causas subyacentes no siempre son conocidas por los participantes en las guerras, ni tampoco tiene por qué estar bajo su control[2]. En esta causa las relaciones entre naciones y la situación de la política internacional juegan un papel de gran importancia; pero el seguimiento de la situación no es garantía para predecir con acierto el nacimiento de un conflicto.
Causas eficientes y causas permisivas
Las causas eficientes son las que no solo dan lugar a una guerra sino que la legitiman. Desde la creación de los estados nación la soberanía y el robo de esa soberanía por la fuerza se ha considerado una causa legítima para proclamar la guerra. Pueden enumerarse muchos casos como la Invasión de Kuwait por Irak o la de Polonia por Alemania en 1939.
Por su parte las causas permisivas son aquellas que legitiman a un estado a declarar la guerra. Estas son más difíciles de explicar y definir. Uno de sus defensores, Kennet W. Thompson, lo hizo con el ejemplo de un hombre que se ve empujado por la multitud contra las vías electrificadas del tren subterráneo. En una situación así el protagonista debería utilizar la fuerza, e incluso la violencia, contra sus semejantes para evitar su propia muerte [3]. Por analogía, hasta que no exista un estado supranacional fuerte y eficaz para dirimir en los conflictos existirán causas que permitan el empleo de la fuerza armada por parte de los estados.
Así mismo, a medida que se va construyendo una sociedad con medios para imponer un cierto orden internacional las causas permisivas irán disminuyendo.
Causas necesarias y causas suficientes
Una causa necesaria sería aquella sin la cual el conflicto no puede producirse. Un caso conocido es la Edad Antigua era la capacidad de defensa con murallas, por lo que en muchos tratados de paz y ordenes se especificaba la prohibición de levantar murallas o de cavar zanjas a modo de foso ni colocar empalizadas dobles. Pero, como demostró Lewis Fry Richardson, una carrera de armanetos, ya sea defensivo u ofensivo, no tiene porqué desencadenar una guerra[4]. Más polémica resulta la causa necesaria que una de las partes no sea una democracia.
Por otra parte una causa suficientes es la que desencadena un conflicto por sí sola. Es decir, siempre que aparezca una causa suficiente el conflicto se desencadena. No obstante no está clara cual puede ser una causa suficiente. Comúnmente se tiene a la anexión territorial o intento de anexión una causa de guerra, pero no siempre sucede así como sucedió en los años 30 con las anexiones de Austria y Checoslovaquia por la Alemania nazi.
La naturaleza humana
Se dice que una de las diferencias de los humanos con el resto de animales es el predominio de la cultura o el conocimiento sobre el instinto. No obstante no está claro el porcentaje de la herencia (memoria colectiva, código de valores, etc) frente al ambiente ni de como este porcentaje influye en el comportamiento humano, por este motivo no está claro si la guerra es un comportamiento innato o es aprendido. Si es lo primero la posibilidad de cambiarlo y disminuir la cantidad de guerras es muy pequeña y requeriría de muchas generaciones, de ser lo segundo el cambio sería rápido y relativamente fácil.
Según Garnett el pensamiento liberal tiende a decantarse por la opción de que la guerra es un comportamiento aprendido y el conservador se inclina más por la opción de ser algo innato al ser humano[1]. Pero pensadores liberales también admiten la influencia de la genética y la biología en los comportamiento, como es el caso de Albert Einstein y Sigmund Freud quienes estaban de acuerdo en buscar las raíces de la guerra en el instinto elemental de agresión y destrucción. Así el ecologista Konrad Lontenz constató de un instinto agresivo natural en peces y aves, instinto este que les permite sobrevivir[5]. Por su parte Robert Ardrey en Territorial Imperative llegaba a una conclusión parecida sugiriendo que el instinto de territorialidad debía añadirse a los cuatro indicados por Lorenz (alimentación, miedo, sexo y agresividad). También Edward Wilson en On Human Nature indicaba que el comportamiento humano está listo para reaccionar violentamente cuando se siente amenazado y siente que se está invadiendo su propiedades. Por último Richard Dawkins en The Selfish Gene concluía que se se desea levantar una sociedad de individuos que cooperaran generosamente por el bien común entre ellos se podía esperar poca ayuda de la biología.
No obstante no está claro hasta qué punto un instinto como la agresividad puede influir en la toma de decisiones que engloba tantos recursos y tantas personas como la Guerra. Así mismo, aunque la base biológica de las humanos sea la misma que la de los animales la evolución humana le ha hecho más inteligente y por tanto puede realizar predicciones más avanzadas que el resto de los animales y, de esta manera, controlar esos impulsos naturales. Así mismo, si las guerras son producidas por los instintos estas serían constantes pues los instintos también lo son dejando la laguna de ¿por qué se evitan las guerras? como sería el caso de noviembre 1911, cuando Francia y Alemania llegaron a un acuerdo por el contencioso de Marruecos sin desencadenarse la guerra[6].
La Frustración
La psicología social acostumbra a rebajar el instinto o la naturaleza humana cuando explica los motivos de la agresividad y suele centrarse más en la frustración. Esta aparece cuando los humanos, individualmente o en grupo, no logran sus deseos, objetivos o metas.
Quizá un ejemplo lo pueda constituir la actitud francesa tras la Guerra Franco Prusiana. Después de la derrota en Sedán existía un fuerte sentimiento de frustración y deseos de venganza que, si bien fue minimizado unas décadas por la necesidad imperialista gala[6], finalmente salió a la luz en 1914 con grito de "La revancha. La revancha".
Errores de cálculo
Sin embargo las causas arriba indicadas no suelen aparecer como los desencadenantes de los conflictos. Estos más bien se suelen atribuir a errores de precepción o de cálculo o de menosprecio. Así opinan Kenneth Boulding[7] o Robert Jervis[8] dejando más la causa de las guerras en las imperfecciones humanas que en su maldad.
Los autores anteriores han aumentado considerablemente la compresión de los conflictos, haciendo ver la importancia de la falta de información sobre el potencial enemigo, sobre las capacidades propias, sobre las intenciones del adversario. Esto explica enfrentamientos como la Guerra de las Malvinas donde Galtieri no creía que los británicos respondieran de esa manera por unas islas tan lejanas y de escaso valor; o la Primera Guerra del Golfo en la que Sadam Hussein no esperaba quedarse solo ante una alianza occidental. Por su parte las naciones árabes de Oriente Medio tampoco estimaron bien ni supieron ver las necesidades y las intenciones de Sadam Hissein, como ha indicado Greg Cashman[9].
De ser así la comunicación entre naciones, el conocimiento mutuo de las naciones y la educación serían fundamentales. No solo educación en valores para la paz sino también del armamento, el potencial militar y las capacidades de estos. Sin embargo, de ser cierta esta teoría, al guerra es de por sí inevitable ya que es inevitable el fallo humano, ya sea en percepción, calculo, conocimiento, estimación... Así mismo, no todas las guerras son producto de errores; quizá la mayoría, son el resultado de la confrontación de intereses y el deseo real de producirlas. Así Hitler deseaba una guerra y sabía que este se produciría sino tras la invasión de Checoslovaquia, sí con la de Polonia y más aún con la de la URSS.
Motivos conscientes e inconscientes
Como dijo Clausewitzian y se ha repetido infinidad de veces después, la guerra es un instrumento de la política y recurrir a ella se hace de forma racional y consciente.
Por otra parte no debe olvidarse la locura o al menos el pensamiento temerario de los estadistas y grupos sociales como puede ser el ya referido Nacional Socialismo, que abogaba por conquistar la URSS, una nación que al menos los triplicaba en población y territorio, o el militarismo japoneses invadiendo China; actitudes estas que conducirían irrevocablemente a una guerra.
El grupo como factor de la guerra
Cualquier conflicto bélico es una acción de grupo, ya sea este tribu, partido, nación o incluso civilización. Así pues las causas de la guerra sería necesario buscarlas más en las dinámicas y motivaciones grupales que no en las individuales, pues "la maldad es la excepción en las personas, pero la norma en los grupos". Así G. Le Bon afirma que los grupos son más sensibles, más sugestionables y menos racionales que los individuos; porque dentro del grupo se pierden las restricciones[10]. Eric Hoffer lo explicó gráficamente con su frase "Cuando perdemos nuestra independencia individual en el conjunto de un movimiento masivo, encontramos una nueva libertad, libertad de odiar, de abusar, de mentir, de torturar, de asesinar y de traicionar sin vergüenza ni remordimientos".
Así no está claro que los países capitalistas sean más belicosos que los socialistas, como tampoco es determinante que las naciones cristianas desencadenen más guerras que aquellas con otra religión[4].
Sin embargo, autores como Kegley y Wittkopf apuntan a que las naciones democráticas, con estado de derecho, son mucho menos belicosas que las demás. Hasta el punto de que nunca han luchado dos democracias entre sí, entendiendo por tales aquellas con un estado de derecho, siempre ha sido una democracia contra una dictadura o dos dictaduras[11].
La evolución de la Guerra
Aunque la evolución de la guerra puede dividirse de múltiples formas según distintos criterios (historiográficos, armamentísticos, económicos) en este caso seguiremos una división basada en las distintas revoluciones que han afectado a toda la Humanidad.
Puesto que la arqueología no a constatado la existencia de guerras antes de la Revolución Neolítica, o al menos no de momento, dividiremos los conflictos bélicos en anteriores a la Revolución Industrial y Posteriores a la misma. El motivo es el gran cambio que la introducción de las máquinas autopropulsadas(ya sean movidas por caldera de carbón o por motor de explosión interna) y con ellas la producción y distribución en masa, la normnalización y la uniformidad, entre otros factores, han causa a las armas, su fabricación y abastecimiento. Hasta el punto de cambiar por casi por completo la naturaleza de la guerra misma[12].
La guerra en la etapa pre-industrial
La guerra en la era industrial y posy-industrial
Como se ha indicado al principio del apartado, las máquinas de vapor introdujeron una diferencia radical en las manofacturas, al conseguir una constante de materia prima, materia elaborada y productos finales. Sumado a esto el transporte en ferrocarril primero y después el de camiones con motores de explosión permitió una movilidad y abastecimiento de tropas inédito hasta entonces. Por primera vez en la Historia podían movilizarse decenas e incluso cientos de miles de personas y mantenerlos abastecidos durante meses e incluso años; además se las podía abastecer de forma uniformada y normalizada en todos o casi todos los aspectos, como puede ser los uniformes, la munición, los alimentos...
El legado napoleónico
La época napoleónica puede ser el final de un proceso de centralización y consolidación de los estados. Los esfuerzos como los Reyes Católicos de España o Luis XIV de Francia culminan en unos estados donde la fuerza militar pasa a ser propiedad de los estados, sino en monopolio absoluto si en las armas decisivas. Pero no solo en el terreno militar pues es en este proceso cuando comienza el estado a tomar conciencia de sus responsabilidades en áreas impensables hasta el momento, como sería la construcción y reparación de los caminos, la formación de una industria real propiedad del estado, cuyos antecedente último tendríamos que buscarlo en la República e Imperio Romano, o la obligación de intervenir en casos cuestiones como la sanidad o la educación.
A este monopolio de la violencia se le unirá en el siglo XIX la fuerza de las ideologías como el nacionalismo, la democracia y el marxismo. Esta intervención del estado conllevó una implantación en la sociedad de una conciencia de deberes para con el estado y con ella el concepto contemporáneo de traidor, casi inexistente hasta entonces, o de la obligación de unirse al ejército como soldados, como propugnaban Montesquieu y Rousseau; así mismo la entrada y ascenso en el cuerpo de oficiales va cambiando paulatinamente hacia la meritocracia.
De esta forma en el siglo XIX van reduciéndose o desapareciendo la influencia de la religión como factos desencadenante de conflictos para aparecer los socioeconómicos y los de materias primas.
Así mismo las nuevas armas de fuego permitían bajar el tiempo de entrenamiento de los tiradores de años, caso de los arqueros y ballesteros, a semanas, arcabuceros y mosqueteros. Así los ejércitos que continuaban combinando las tropas profesionales con los merecenarios son rápidamente desbancados por los de reclutas masivos, pero suficientemente entrenados y motivados por la defensa de su país, donde la Francia Napoleónica destacó con varios millones de hombres movilizados durante las guerras del mismo nombre. A esta preparación de tropas reclutadas meses antes también contribuyen las tácticas de tiradores en línea, moviéndose lentamente en grandes grupos, no hacía necesario contar con tropas entrenadas en equitación, manejo de lanza y espada, a pie y a caballo; por lo tanto no muy fieras, aunque sí muy disciplinadas y perseverantes, la diferencia entre el guerrero y el soldado[12].
Con todo esto el ejército napoleónico no era un ejército tradicional agrandado por el reclutamiento. Consistía en un ejército muy diferente guiado por oficiales con méritos y motivado por ideales como el nacionalismo y el patriotismo.
Así mismo los cambios antes citados hacen ganar importancia a la logística, pues ejércitos de decenas de miles o cientos de miles de combatientes deben tener garantizado un abastecimiento constante para no vivir de el terreno. Así el militar Maurice de Saxe afirmaba que 50.000 hombres era el límite máximo de cualquier ejército; Napoleón deshizo esa idea movilizando 600.000 soldados en su campaña de Rusia en 1812. Pese a todo, esta idea no fue ni mucho menos unánime y pensadores militares como Guibert.
Pero estos ejércitos tan grandes no podían avanzar al unísono porque desgastarían la región que atravesaban. Por tanto debían dividirse, aumentando así su vulnerabilidad. Para evitarlo Napoleón creo el Cuerpo de ejército, unidades formadas por varias divisiones de caballería, infantería y artillería con un total de 50.000 hombres y por tanto con la capacidad de autodefensa.
De esta forma Napoleón movía ejércitos más rápido que nunca y podía con ellos destruir los ejércitos de las naciones y con ellos adueñarse de dichas naciones y sus recursos. Los pensadores del siglo XIX ponían su énfasis en el número de los ejércitos y los éxitos de reclutamiento napoleónicos ocultaron la virtud de la movilidad.
Las aportaciones de Carl von Clausewitz
Carl von Clausewitz (1780-1831) fue un soldado profesional del Ejército Prusiano. En su trayectoria profesional pasó por numerosos niveles de nado y tuvo gran influencia posterior entre las que podemos destacar:
Nacionalistas germanos como Schiller y Goethe. Escritores de temas militares como Berenhorst - quien argumentó "la guerra es un fenómeno de naturaleza social por lo que es susceptible de ser analizado"- y Von Bulow -quien diría que la "victoria no es el fruto de la teoría, sino de la movilización de todos los recursos del estado". Clausewitz fue profesor en la Academia Militar del Ejercito Prusiano en la que impartió clases y donde escribió su famoso libro "De la Guerra"[13] en la que exponía sus principios básico y desarrollaba una teoría que sigue vigente en la actualizadad en muchos aspectos.
Él concebía la guerra como un instrumento de la política realizada por medio de decisiones razonadas. Bien es verdad que uno de los objetivos de la guerra serían el inflingir dolor y sufrimiento al otro bando por medio de la violencia. Todos las personas son fruto de su tiempo y Clausewitz lo era del siglo XVIII.
Clausewitz consideraba que la victoria se produce cuando el dentro de gravedad del enemigo es capturado o destruido. Apartándose de la guerra medieval, que generalmente trataba de capturar posiciones enemigas hasta obligar al adversario a rendirse, Clausewitz seguía las prácticas de Napoleón donde el objetivo es destruir la fuerzas enemigas. Pero esta victoria debía ser moral y no necesariamente física; es decir, la victoria se logra cuando el otro bando no tiene voluntad de seguir luchando. Un ejemplo sobre este tipo de victorias sería la lograda por Vietnam del Norte sobre Vietnam del Sur en 1975, en la que Saigón diponia de más armamento, más munición y más hombres, pero no había una voluntad mayoritaria de mantenerse independientes[14].
Para el estratega prusiano una de las características básicas para la victoria no son tanto las tácticas y las estrategias sino el número, o si se quiere, la potencia del ejército que lucha. De esta forma Clausewitz integraba perfectamente las características del nuevo periodo -la revolución industrial- en el que la población no es tanto el problema sino el abastecerla permanentemente. De esta forma reclutar un millón de soldados no es el problema principal, como se ha comentado anteriormente, sino alimentar, vestir, alojar y mover ese millón de soldados.
La industrialización de la guerra
Como se ha esbozado anteriormente la Revolución Industrial trajo tres cambios principales:
- Producción en masa. Este concepto se refiere por supuesto a la cantidad de armas y municiones fabricadas, pero también a la homologación de las mismas. De esta forma se abría la puerta a la reducción de calibres en artillería, la producción de balas con su propia munición empaquetada, por citar dos ejemplos[12]. Además la invención de la comida enlatada y seca permitía el abituayamiento de las unidades a grandes distancias, sin necesidad de "vivir del terreno" como se le ha llamado a los robos y saqueos de los soldados.
- Distribución en masa: la invención de la locomotora de vapor y el ferrocarril permite el transporte de grandes cantidades de tropas y suministros a largas distancias, con menor impacto de las condiciones meteorológicas sobre el estado del camino, mejora de la velocidad, etc. Preston y Wise calcularon que el cuerpo de ejército que Prusia movilizó en 1846 a más de 300 kilómetros en dos día hubiera necesitado dos semanas si se hubiera hecho por los caminos tradicionales. A esto es necesario añadir que las tropas llegaban descansadas a su destino, por tanto listas para entrar en acción.
- El empleo del telégrafo para transmitir ordenes, realizar pedidos, enviar informes de situación, etc. Consiguiendo nuevamente realizar en un dia lo que antes podía requerir semanas.
Con estos dos nuevos factores Prusia pudo invadir Francia en 1870 con un ejército doble al que Napoleón llevó a Rusia sesenta años antes. Con esa fuerzas los alemanes simplemente podía arrollar a los franceses y provocar una derrota como la de Sedan, pero a su vez este ejército era más o menos la mitad del movilizado en 1914.
No obstante Alemania no fue la única en el empleó masivamente el ferrocarril. Francia movilizó 120.000 hombres hasta Italia en 1859 durante su guerra con Austria (pese a fallar en el envío de suministros). Durante Guerra Civil en Estados Unidos se puso de relieve la importancia estratégica del ferrocarril en los nuevos conflictos bélicos. Los Federales lo emplearon con gran acierto en las batallas de Chickamauga y los Confederados en la campaña de Kentucky de 1862. Al finalizar la contienda Estados Unidos creó el Departamento de Ferrocarriles Militares.
Los cambios en las tácitcas y las estrategias. El empleo de polvora empaquetada en un cartucho que disparaba sin humo aumentaba la cadencia de fuego y también la homogeneidad en los alcances, acercándose a la del arco, debemos desmentir que las primeras armas de fuego fueran no eran ni más potentes ni más precisas que los arcos, su principal ventaje residía en que necesitaban de menos entrenamiento[12]. De esta forma se podía evitar las líneas de tiradores que constituían un buen blanco y dificultaban la maniobrabilidad. De este modo el rifle primero y el rifle de repetición después demostrarían su superioridad en la Guerra de Secesión de Estados Unidos y en la Guerra Austro Prusiana de 1866.
Todas estas nuevas armas supusieron una barrera casi infranqueable para la infantería tradicional, barrera que aumentaría con la entrada de la ametralladora. Empleando contra ellas los antiguos movimientos lo que se lograban eran enormes bajas, como se demostró en la Batalla de Gettysburg en la Guerra de Secesión o en Gravelotte en la Franco-Prusiana. Sin embargo las lecciones de las guerras decimonónicas no se vieron o no se quisieron ver por los estrategas, lo que causaría miles de muertos en la contienda de 1914.
Así mismo, los conflictos librados en la segunda mitad del siglo XIX fuera de Europa presajiaban lo que sería la Guerra Total. Campañas como la de Crimea, la Guerra Ruso Japonesa mostraban a ejércitos masivos enfrentándose, la importancia estratégica de la tecnología, la lucha en frentes de cientos de kilómetros, batallas que podían durar días o semanas y sobre todo la bajas masivas. No obstante fue en la Guerra de la Triple A y sobre todo en la Guerra de Secesión donde apareció o se esbozó el concepto de Guerra Total, es decir, en la que lucha la totalidad de la población, bien en el frente o en la retaguardia. En la Guerra de Secesión el Sur tuvo que movilizar el 90% de los hombres diponibles y el Norte atacó deliberadamente posiciones civiles para debilitar al oponente -Atlanta y Shenandoah-; por su parte en la Guerra entre Paraguay, Argentina y Brasil la población masculina casi fue exterminada. Otro tanto se puede decir de la Guerra de los Boers donde la población civil fue masacrada en los campos de concentración.
La Guerra Naval
Como es natural la lucha en el mar sufrió una transformación paralela a la terrestre. Las innovaciones como el ferrocarril y el telégrafo no tenían cabida; pero dos fueron las imnovaciones principales:
- La artillería de larga distancia con retrocarga y munición en cartuchos.
- El motor de vapor que hacía las naves independientes del viento, capaces de mantener una velocidad fija y ser construídos de metal en lugar de madera, lo que permitía el blindaje.
La moderna artillería se incorporó a los barcos europeos en 1830 y el motor de vapor en 1840. Hasta 1873 convivieron velas y vapor, pero las primeras dificultaban las maniobras y las nuevas piezas de artillería, cada vez más pesada, requerían de movimientos ágiles. En 1873 los británicos lanzaron el primer acorazado sin velas.
A veces los barcos quedaban obseletos antes de botarse, por la rápida introducción de mejoras. No obstante el pensamiento iba más despacio. Solo en 1890 Alfred Mahan escribió La influencia del poder naval en la Historia 1660-1783 donde afirmaba que las tacticas navales debían encaminarse a destruir los barcos enemigos, en línea con los postulado por Clausewitz en tierra. Este mismo autor sostenía que las flotas de cada país debían destruir a las flotas enemgas y garantizar el comercio naval; de esta forma quien controlase el mar controlaría la tierra también. Otra línea de pensamiento afirmaba que los grandes barcos de superficie pronto serían inútiles ante las lanchas torpederas y posteriormente los submarinos también equipados con torpedos.
Las teorías de Mahan agradaban a los marinos, pero analistas como Sir Halford Mackinder consideraban que lo importante era el ferrocarril para dominar la masa continental euroasiática, quien consigiera eso dominaría la tierra. En contra de él los defensores del poder naval sostenían que el control de las sus rutas oceánicas siempre ha proporcionado una ventaja a quien lo posee (por mar se pueden tansportar cargas a un precio mucho menor que por tierra).
Como en tantos otros aspecto finalmente sale una postura intermedia. En este caso Sir Julian Cobertt afirmaba que el poder naval debía ser el que las aspiraciones políticas de cada país demandara. Al mismo tiempo mantenía que una potencia maritima como Gran Bretaña también necesita aliados terrestres
En la Primera Guerra Mundial muchas de estas visiones fallaron o simplemente hicieron a los almirantes más cuatos. Finalmente la contribución del poder naval británico fue decisiva para ganar la contienda al cortar las líneas de suministros alemanas y forzarlos a firmar la paz. Así victorias tácticas alemanas como Jutlandia finalmente resultaron derrotas estratégicas al no atreverse la flota germana a enfrentarse a la británica. Tampoco el torpedo y el sumergible resultaron un arma definitiva, pues su peligro pudo ser conjugado por la escolta de comboyes.
El poder naval no solo bloqueó a las colonias alemanas sino que permitió traer ingentes cantidades de suministros y tropas, incluyendo un millón de soldados franceses y dos millones de soldados estadounidenses.
La Guerra Total
Los enfrentamientos de 1864, 1866 y 1870 daban la idea de que cualquier guerra entre las grandes potencias de Europa sería corta y y decisiva. La victoria estaría del lado de quien pudiera movilizar y transportar el mayor número de tropas en unos momentos en los que le nacionalismo y el reclutamiento masivo permitían ejércitos nunca vistos. Este era en parte el objetivo del Plan Schlieffen alemán[6]. Sin embargo es te gigantismo de los ejércitos impedía precisamente esa velocidad. Así el ejército alemán avanzó sobre Belgica con 7.000 vehículos motorizados, pero con 126.000 caballos.
Referencias
- ↑ 1,0 1,1 Garnett, John, Introduction of Strategy in the Contemporary World: An Introduction to Strategic Studies, Oxford University Press, Inc, Nueva York, 2007, ISBN 975-0-19-928978-3
- ↑ Suganami, Hidemi, On The Causes of War, Oxford, 1996 citado por Garnett, 2007
- ↑ Thompson, Kenneth W, Political Realism and the Crisis of World Politics: An American Approach to Foreign Policy. Princeton: Princeton University Press, 1960, citado por Garnett, 2007
- ↑ 4,0 4,1 Richardson, Lewis Fry, Arms and Insecurity: A Mathematical Study of the Causes and Origins of War. Pittsburgh: Boxwood Press citado por Hayes Brian, Estadísticas de los conflictos bélicos, nº 332 de Investigación y ciencia versión española de Scientific American, Prensa científica, Barcelona, mayo de 2004, ISSN 0210136X
- ↑ Lorenz, Konrad ,El comportamiento animal y humano, Plaza & Janés, 1976, ISBN 84-01-80527-9 citado por Garnett 2007
- ↑ 6,0 6,1 6,2 Andriessen, J. H. J., La I Guerra Mundial en Imágenes, Edimat Libros, Madrid, 2003, ISBN 84 9764 436 0
- ↑ Boulding, Kenneth, The Image: Knowledge in Life and Society, University of Michigan Press, 1956, citado por Garnett
- ↑ Jervis, Robert, Perception and Misperception in International Politics , Princeton University Press, Princeton, 1976 citado pro Garnett, 2007
- ↑ Cashman, Greg, What Causes War?: An Introduction to Theories of International Conflict, Lanham, EUA, 2000, ISBN 0-7391-0112-9, citado por Garnett, 2007
- ↑ Le Bon, Gustave, Psicología de la multitudes, Albatros, Buenos Aires, 1952, citado por Garnett, 2007
- ↑ Charles W. Kegley, Eugene R. Wittkopf, World Politics: Trend and Transformation, Wadsworth Pub Co, Belmont, 2005, ISBN 9780534602208
- ↑ 12,0 12,1 12,2 12,3 Quesada Sanz, Fernando, Ultima ratio regis, Ediciones Polifemo, Madrid, 2009, ISBN 9788496813236
- ↑ Clausewitz, Carl von, De la Guerra, Ministario de Defensa, Madrid, 1998, ISBN 9788478236121
- ↑ Schell, Jonathan, En primera linea: cronica de la guerra de Vietna, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2006, ISBN 9788481096002


